Retretes de porcelana y peces de colores
A pesar de que una parte de mi inconsciente quería impedir que me apuntará al viaje poniendo pegas de todos tipo, acepté en voz alta la proposición, sobretodo para convencerme a mí mismo, y dejar de escuchar las limitaciones dei inconsciente.
Ahora, 6 días más tarde, estaba convenciendome de conservar la calma una vez nos sumergieramos. Estaba nervioso pues ese buceo podía era decisivo según me fuera, eran muchas las cosas a tener en cuenta, y fatales algunos de los peligros de no recordarlas. Físicamente me sentía pesadísimo cargando el equipo, se me hizo larguísimo el pantalán que volaba sobre un jardín de corales de menos de un metro de profundidad. Al final de la pasarela de madera uns escaleras colgaban donde el arrecife se convertía en un acantilado enmoquetado de corales de tipos y colores variados como iba a descubrir en breve. Había bañistas, gentes haciendo "snorkeling", y buceadores como yo. Me llamó la atención una mujer tapada por sus ropas monocromáticas, su velo a juego, sus gafas de bucear y su tubo que estaba metiéndose en el agua, mientras un ruso obeso condecorado con una gruesa cadena de oro trataba de salir del agua asistido por una jovencita de culo, tetas y labios hinchados que seguramente dificultarían la inmersión, que duda si era su hija o su sugar baby, de cualquier modo, lingüísticamente, él era su "daddy". Unos escalones más arriba un mallorquín al que ya le costaba aguantar el peso de su equipo de buceo, se disponía a realizar su primera inmersión con botella en muchos años.
Entrar en el agua fue viajar a otro planeta con su propia temperatura, luz, densidad, flora y fauna. De repente era un astronauta respirando de una bombona, desafiando a la gravedad, a no sé cuantos metros del suelo porque no lo podría distinguir en la profundidad azul oscura, donde algunas figuras reflejaban algo de la escasa luz que se abría camino dejando ver la forma de sus rayos, ya algo inclinados por haber pasado la hora de comer hacía rato.
Después de repetir varios ejercicios, y reaprender a mantener el nivel de flotación, el instructor me señalaba bancos de peces de colores mientras me iba adaptando a este nuevo universo que existe tan cerca de nosotros.
Me costaba respirar con normalidad y cada movimiento consumía más aire de lo normal haciendo que a los 35 minutos finalizaríamos mi primer buceo en el Mar Rojo.
Ese rato bajo el mar, atónito por tantas combinaciones y patrones de colores impresos en tantas formas diferentes de peces y vegetación submarina me bastó para confirmar que había sido una buena decisión venir hasta aquí.
Es una oportunidad para conocer una parte tan desconocida de este planeta para la mayoría de la humanidad que no creo yo hubiera conocido si no la aprovecho.
Y que todavía está por conocer para mí.
Intentaba no preocuparme por la peligrosidad de este deporte siendo amateur y prácticamente novato.
A los tres días embarcamos por fin en el Eriny, un yate de 33 metros, con 12 camarotes, salón, comedor, terrazas, y una gran sala de máquinas pegada a mi camarote. Un verdadero yate de lujo. No voy a quejarme porque lo que ofrece el viaje "no és pagat" cómo dirían en Mallorca.
Un verdadero contraste a la tienda de campaña en la que dormía hace mes.
Me lo describieron como un crucero de buceo, aunque es más un crucero gastronómico en el que se bucea. Voy a salir redondo sino me controlo.
Tocaron diana a las 6:30 para el primer buceo, haríamos 2 más el primer día, el último nocturno, una experiencia prácticamente nueva para mí, pues no recuerdo el que hice en mi curso de Advanced en 2009, ahí estábamos una veintena de buzos interrumpiendo en la noche marina cómo fantasmas burbujeantes, con sus linternas que parecían desteñir con sus haces el negro que cubría un mundo de colores
y lleno de formas de vida que desconocía.
Me pregunto cómo puede haber dos mundos tan diversos en este planeta.
Un ejemplo es lo que tardé en reconocer un bicho que aleteaba una especia de alita alrededor de su cuerpecito con fosforescencias, que el hacia flotar a la misma altura o subir o bajar según deseara, un ser precioso...era a la vez un bicho que he destripado muchas veces para freírlo y teñir de azabache muchas fideuàs: una sepia tan distinta y bonita con vida.
El barco nos va llevando a los lugares elegidos para el buceo, según la condiciones climatológicas. Lugares minados más yates similares.
La inmersión del segundo amanecer era en Jolanda reef, este arrecife debe el nombre a un carguero que llevaba váteres y bañeras a los hoteles en construcción de Sharm. Alá o el mar o ambos decidieron, 1980, castigar al hereje por tratar de importar esos asientos de porcelana a un país donde han tenido siempre la sana costumbre de cagar en cuclillas, o por ayudar a llenar de cemento y de la mierda que atrae esa parte del desierto.
El Jolanda naufragó y toda su carga se fue al garete, dejando el fondo del mar hecho una mierda, allí se ven cientos de retretes instalados en el lecho marino como esculturas de Duchamp a la espera de que algún buceador se siente en uno de esos tronos para hacerse una curiosa foto. Nos dijeron que un amasijo de hierros del que se identificaban dos ruedas eran los restos del BMW que el capitán llevaba en el barco al de cargarla. He descrito justamente lo más grotesco de este buceo que está entre los 7 mejores del mundo (supongo que en cada lugar dicen algo similar) por la cantidad de vida marina que albergan estos arrecifes, las anémonas gigantes pobladas por los peces payasos, ya más conocidos por Nemo, gracias a los dibujos animados. Unas morenas más largas que una persona, vimos una barracuda de 2 metros que nos observaba tranquila enseñando sus dientes. Miles de pececillos naranjas, blancos y negros, azules, etc...
En el siguiente buceo también vimos más váteres, lo que mejor se conservaba de un pecio reciente, de 2009 cuando unos de los barcos como el que me aloja, se estrelló contra el arrecife cuando por sorpresa e inusualmente roló totalmente el viento justo en el momento en que los turistas habían acabado una inmersión y estaban colgados de un cabo de la popa del barco preparados para subir.
El capitán podría haber salvado la nave dando marcha atrás pero probablemente las hélices habrían triturado a unos cuantos buzos.
El mismo lugar lo visitamos de noche, y vimos los peces piedra tan camuflados que el guía me los tuvo que señalar varias veces a un metro de distancia sin ser yo capaz de verlos. Su veneno puede ser letal si no te atienden en un hospital.
Entre buceo y buceo, comemos y volvemos a comer.
El pasaje es vario pinto, Ana es la que organiza el tour y la que ha conseguido a los clientes. Ella es instructora de buceo en Playa del Carmen, México, en el mismo lugar donde hace 25 años nos apodaron como Nachoques por colisionar Jeeps wrangler.
De allí viene el grueso del pasaje: 8 mexicanos 2 mujeres y 6 hombres,, una canadiense, 3 americanos y una holandesa...una buena parte repiten tour, aunque no todos los buceos coinciden.
Estamos congeniando muy bien, supongo que el estar bien cuidados, alimentados y entretenidos con las inmersiones ayuda a tenernos contentos y con la adrenalina en niveles elevados.
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