El gusano en el anzuelo.
Nos reunimos para el briefing de la primera inmersión antes de ver el sol, a estribor se erguía un bonito faro solitario en un islote de unos 200 metros de largo, era el Big Brother.
No lo sabía pero habíamos navegado hasta allí para nadar con tiburones.
La especie más conocida en está zona son los longimanus, aunque también se pueden avistar con menos frecuencia tiburones martillo, treasure sharks, tiburón gris, etc...
Nos repetían que el buceo era seguro, pero a la vez nos repetían con demasiada insistencia unas normas a seguir cuando aparecieran los escualos, por lo que era deducible que no estaban libres de peligro.
El mar estaba rabioso y la corriente era fuera, debíamos hacer la inmersión desde la Zodiac en el extremo Sur del arrecife para que la corriente nos llevara hasta nuestro navío.
Repartidos en las dos neumáticas que saltaban las olas que nos iban despertando a salpicones con los primeros rayos del día. Debíamos agarrarnos con fuerza para no caer por la borda y ser arrastrados por la corriente.
El guía y el que conducía la barca, hablaban en árabe a gritos para poder entenderse. El ruido del motor, del viento y del mar me tenían alerta.
La entrada en el agua sería negativa, eso quiere decir que nos debíamos sumergir rápidamente vaciando nuestros chalecos, ayudados por los plomos y poniéndonos en posición vertical hasta más de 5 metros para esquivar la corriente.
Buceamos siguiendo al guía hacia el costado del arrecife donde la corriente era menor, aún así derivabamos a un buena velocidad, con los ojos bien abiertos por si salía de la inmensidad azul el terrorífico animal. Me asusté por una manada de atunes de buen tamaño, un gran pez Napoleón, y otra figura muy lejana que después me confirmarían que era un tiburón gris. Cuando estábamos llegando al barco pudimos perseguir a dos longimanus a bastante distancia.
Mientras descansabamos a la espera del siguiente buceo, Khaled, un egipcio, militar ya retirado por su edad y con más de un millar de inmersiones contaba la desafortunada historia acontecida hacía 7 años cuando se tiraba cebo para atraer a los escualos, en la que un conocido suyo que haciendo de guía de una madre y un hijo en apnea se toparon con una tiburona muy agresiva probablemente por estar embarazada, no dudo en atacarles, comiéndose una pierna del niño, parte del muslo de la madre y otra parte del guía egipcio. El niño moriría días después.
No era el momento de contar este tipo de anécdotas.
Omar en cubierta gritó SHARK.
Me costó un rato ver la aleta gris con la punta blanca hasta que se acercó a nuestro casco, reconocí esa majestuosa silueta que tengo grabada mi disco duro después de tantas películas y documentales, pude distinguir porque le llaman White tip fins shark, por los la puntas blancas de sus extremidades. Me acordé de cuando de vacaciones en Granada mi padre me llevó al cine a ver Tiburón 2 que estaba de estreno, debía ser 1980 o 81, mientras mi madre y mis hermanos hacían un plan menos sangriento, recordaría esa película cada que me cayera al agua mientras aprendía a hacer windsurf años más tarde.
Lo lógico sería cancelar la inmersión teniendo en cuenta el depredador que daba vueltas a nuestro alrededor esperando la hora de comer. Los guías adelantaron el buceo, habíamos venido hasta aquí a nadar con tiburones, aunque nadie me hubiera avisado.
Lo curioso es que en ese buceo no volveríamos a ver los longimanus que nos merodeaban hasta nuestro regreso al barco, obedecimos poniéndonos verticales y sin dejar de mirarlos a los ojos, desafiantes, temiendo que nuestra desobediencia nos pudiera costar una extremidad o la vida misma. Me pregunto si olían mi miedo que confundía con la ilusión de ver de tan cerca aquella maravilla de la naturaleza.
Benji, siguiendo su vocación de fotógrafo, no hizo caso al guía y fue en dirección al temible ser, que cuando éste le vio, movió lentamente su cola a modo de timón para encararse con el fotógrafo y ponerle su mejor cara. Benji se quedó casi inmóvil moviendo solo su índice para capturar espectaculares retratos del tiburón que se iba acercandose al objetivo. Todos estábamos en tensión, incluso Omar, cómo sabríamos después. El escualo golpeó ligeramente el objetivo de la cámara y cambió de dirección con parsimonia desapareciendo en el azul.
Omar llamaría la atención a Benji por su imprudencia. Por lo visto la curiosidad que sienten estos animales cuando se acercan puede ser letal si uno no mantiene la calma. Al subir a bordo escucharíamos más historias de ataques sangrientos.
El barco soltó amarras para llevarnos al islote más pequeño al norte de "su hermano mayor".
Comimos al lado en Small Brother donde dos tiburones nos estuvieron haciendo compañía hasta que nos volviéramos a meter en su medio.
Fuimos saltando de uno en uno al agua, esta vez empezaron a nadar alrededor de su posibles presas, entre las que me encontraba yo, pensé en la similitud del gusano que cuelga de un anzuelo esperando su fatal destino, aunque no sintiera lo mismo, paradójicamente estaba contento de la oportunidad de ver tan de cerca esos majestuosos movimientos como si estuviera decidiendo quién de nosotros era más apetitoso, le miraba a sus ojos que parecen los botones de un osos de trapo. Se iba aproximando a casa uno de nosotros.
Vi que Nora estaba más profunda que el resto del grupo. No le estaba haciendo gracia el riesgo que corríamos ni para qué. Probablemente fuera la más sensata. Ana la rescató alejándola del peligro.
Khaled con su cámara profesional aprovechó la curiosidad del animal por su artilugio para hacerle un impresionante reportaje.
Mientras lo observaba algo me hizo sombra, levanté la mirada y vi la panza blanca de otro espécimen que me sobre nadaba a un metro de mí acompañado de su escolta de dos bonitas rémoras, pasó de largo. Buff. ¡Qué suspiro!
Ya eran dos, tenía que estar más atento. ¿Cómo haría para no darle la espalda a ninguno de los dos si se ponía uno delante y otro detrás?
Uno de ellos sin previo aviso se sumergió en dirección a otro buzo de otro barco, los escualos habían atraído la atención de los buceadores de los yates cercanos, de manera que habíamos rodeado a los dos ejemplares, algo que nos habían remarcado evitar pues sí se sienten amenazados puedes ser agresivos.
El tiburón fue rápidamente hacia el hombre rana que debía estar cagándose encima, especialmente cuando sintió los toquecitos que el longimanus le dió, por suerte , no fue de su agrado y lo dejó en paz.
Jugaron un rato más con nosotros, entonces Omar se dió cuenta que uno de nosotros se había quedado en la superficie agarrado a una amarra, algo que por lo visto podrían confundir con un cebo viviente. Era Jonatan. Omar nadó veloz hacia él tratando de no llamar la atención de nuestros nuevos "amigos" que se cansaron de nuestra compañía para desaparecer y dejarnos contentos por lo vivido, y supongo que inconscientemente por seguir vivos.
Nos llevaríamos esa euforia a la cama mientras el capitán nos llevaba de nuevo a Ras Nuhas. Más barcos esperaban bajo el mar, la aventura no había acabado, me tocaba recuperar fuerzas.
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